lunes, 13 de mayo de 2013

Si Mao levantara la cabeza...

 
 
Shanghai, símbolo de la nueva China. Con más de 23 millones de habitantes, la ciudad se erige como símbolo del despertar chino, de su transición del férreo comunismo a un nuevo capitalismo "supervisado", buscando un difícil y complejo equilibrio entre ambos que da como resultado un sinfín de sorprendentes imágenes para alguien que, como yo, acaba de tener su primer contacto con el gigante asiático.
 
Y este choque cultural se observa desde la misma llegada a Shanghai. Impresiona la visión a través del taxi de los primeros rascacielos, imponentes en la lejanía e hipnotizantes cuando por fin los contemplas al otro lado de la ribera. Grandioso perfil arquitectónico, no exento sin embargo de una cierta impostura y sobredosis de vanidad que caracteriza a esta ciudad.
 
  
Pero como también ocurre en occidente, no es oro todo lo que reluce, y fuera de la zona financiera y de la singular silueta de sus rascacielos, una mayoría de la población se hacina en cientos y cientos de horrendas torres de 20 y 30 alturas, plagadas en sus exteriores por equipos de aire acondicionado que dejarían a nuestro Benidorm a la altura del betún...
 
Sorprendentemente, no hay que irse tan lejos para respirar el contraste de esas dos ciudades que conviven en un solo espacio. Caminando por Nanging Road, la calle posiblemente más fotografiada de Shanghai, uno observa las mismas tiendas opulentas que podría encontrar en la quinta avenida de New York, al lado de lujosos hoteles y restaurantes de diseño. Pero si movido por la curiosidad (y por la búsqueda de algún Rolex falso...) doblas cualquier esquina y te apartas tan sólo diez metros de este bullicioso boulevard, uno se da de bruces con otra realidad completamente distinta. Basta ver las fotos, a las que tan sólo separan unos pocos metros...
 
  
   

El desmesurado crecimiento de la ciudad y su occidentalización se palpan a cada paso. Es impactante la visión de las diferentes carreteras que atraviesan y circunvalan Shanghai, y que van a dos alturas, y en ocasiones, como en la foto, a tres y cuatro alturas, resultando que si vives en una décima planta de uno de esos abominables edificios de los que hablaba antes, es más que probable que la ronda pase no muy lejos de tu ventana. Pero los nuevos tiempos no sólo han llevado modernas y enormes infraestructuras, sino también nuestras costumbres, bien a través de la desinhibición a la hora de vestir (la foto la tomé en la plaza del pueblo, todo un símbolo de los cambios...), de la presencia de McDonalds en emblemáticos lugares de la ciudad (cómo no!!), e incluso de las bodas al más puro estilo torero y tonadillera.... Me pregunto si también regalarían un puro a los hombres y un obsequio absolutamente inútil a las mujeres como aquí. Pero bueno, con hacer la foto según pasaba tuve suficiente, aunque me quedé con las ganas de saberlo... ;-)
 
 
 
 
 
 
Siguiendo con los enormes contrastes, de nuevo en la plaza del pueblo, las viejas costumbres se mantienen y varios grupos de hombres mantienen numerosas partidas de ¿damas? mientras otros muchos se arremolinan en torno a ellos, algo por cierto que me recuerda a esas imágenes tan castizas de los bares de nuestros pueblos españoles a la hora de la partida, donde mientras cuatro juegan al mus, otros tantos miran, observan y comentan las jugadas (nunca he entendido donde está el placer en estar ahí de pasmarote, pero ese es otro tema...). A pocos metros de allí, la cartelera de cine no parece muy diferente en un primer vistazo a la de un Kinépolis o un Cinesa. sin embargo, cuando uno la observa más de cerca, se da cuenta de que la industria del cine chino va viento en popa, y aunque hay títulos occidentales (Bruce Willis es un clásico allá donde voy…), existe una gran mayoría de películas chinas. Algo de lo que también se puede dar cuenta uno en la habitación del hotel, cuando de 20 canales, 18 están emitiendo teleseries o películas chinas, sin olvidar esa añorada ¡¡carta de ajuste!! que pude ver en televisión al madrugar para coger el vuelo de vuelta. Quería haber puesto unas fotos de esa mítica imagen de varias cadenas, pero creo que iba a quedar muy friqui, así que al final me he decidido únicamente por poner la foto de esa cartelera de cine junto a la Plaza del Pueblo, y de los jugadores de damas.
 
 
   
 
 
Pero las sorpresas aquí no acaban nunca, y cuando llega la noche, Shanghai se convierte en una futurista urbe de neón, cumpliendo aquel presagio de ciudad del futuro que el visionario Ridley Scott trazó magistralmente en Blade Runner donde la mezca de ese mismo neón, lo oriental, y lo occidental, creaban una sublime atmósfera no muy distinta de la que he tenido la suerte de contemplar (y fotografiar!!).
 
 
Bueno, vale, ya lo sé, mucho rollo, ya casi me voy, y aún no he dicho donde podéis comprar bolsos y relojes si alguna vez os dejáis care por allí. Pues... en fin, ciertamente no creo que sea el mejor para aconsejar sobre este tema, aunque os aseguro que en la misma calle Nanging os abordarán continuamente, y si decidís seguir a estos vendedores natos, podréis vivir una experiencia "emocionante" entrando en un submundo de callejuelas, trastiendas y entreplantas con armarios escondidos tras indisimuladas cortinas... Pero si no os va mucho la aventura, os daré al menos una dirección donde las cosas funcionan de manera más sencilla y sobre todo, visibles... Junto al Museo de Ciencia y Tecnología (os dejo una foto del Museo, que por fuera es espectacular) y cerca de la parada de metro, existe una enorme galería subterránea donde hay decenas de tiendas donde podréis usar vuestras dotes de regateo (os van a hacer falta, os lo aseguro) para comprar un bolso, un reloj o un juego de té, etc... Así que, suerte!!!! 
 
 
 
Esto es todo amigos. No os dejeis engañar por las apariencias. Esto no es China. O sí lo es. Todo depende de como se vea. No olvideis que Shanghai es "sólo" menos del 2% de los más de 1.300 millones de chinos, y por eso me llevo la impresión que seguro que hay muchas Chinas en China por descubrir (y no lleva dobles intenciones, que os conozco!!).

Sed felices amigos.
 
Jim
 
 


domingo, 28 de abril de 2013

El secreto de los pequeños detalles (parte II)

 
Parece mentira como la apatía, la falta de inspiración, o simplemente la maldita pereza nos persigue, nos alcanza, y llega a apoderarse de uno de tal manera que parece que nunca será capaz de escalar, ascender y salir del agujero donde nunca debió caer.
 
Pero nada es para siempre... Ha costado escapar de ese círculo sin salida, pero aquí estamos de nuevo, con más ganas que nunca y con el mismo propósito que marcamos al inicio del blog. Compartir, compartir, y compartir, llevando ahí fuera, donde el "cielo" sigue un poco gris, un punto de optimismo y esperanza.  Y para celebrar esta vuelta después de más de cuatro meses, os dejo una segunda parte con más "pequeños detalles" de aquellos que os hablé hace unos meses...
 
 
Paseo Central del Campo Grande. Valladolid, España.
Anciana junto al castillo. Ponferrada, León, España.
Loch Lomond. Highlands, Escocia.
La paloma y el pescador. Simancas, Valladolid, España
Los muchachos de la calle Pal. Budapest, Hungría.
Cullera, Alicante, España.
Patio interior. Budapest, Hungría.
Fuente junto al mar. Trieste, Italia.

Basílica de Baños de Cerrato, Palencia, España
Catedral de Burgos, España

 
Besos y abrazos.
 
Isra&Jim 

domingo, 3 de febrero de 2013

miércoles, 9 de enero de 2013

Los nueve de Oporto


Guardo en ese intrincado disco duro que es la memoria multitud de ciudades que me han dejado huella y de las que poco a poco - si el tiempo y la pereza no lo impiden - iré hablando aquí. Londres, Liubliana, Budapest, París, Bruselas, Roma, Amsterdam, Estocolmo, Copenhague, Lisboa, Viena, Estambul, Edimburgo...  y algunas otras que me dejo en el tintero, ocupan todas y cada una de ellas por unas u otras razones un privilegiado rincón en mi memoria, pero como suele ocurrir siempre a la hora de hacer listas de favoritos, uno guarda ineludiblemente un lugar especial para una por encima de todas a la que profesa, casi siempre por motivos personales, un cariño casi inconfesable. Y para mí, ese hueco está ocupado desde hace muchos años por la ciudad de Oporto. Dejadme que os lo explique...

A veces me preguntan cual es el mejor recuerdo que guardo de mi paso por la universidad, y la cuestión, que a otros hace dudar, a mi me hace sonreir porque no es nada difícil, y estoy seguro además que los otros ocho protagonistas de esta historia tampoco dudarían, porque si hay un momento grabado en mis neuronas de esos (muchos) años en la "uni", es sin duda el viaje que hicimos a Oporto aquel grandísimo y mítico equipo de baloncesto de la ETSII de Valladolid.
 
Aquella sí que fue una aventura. ¡Qué recuerdos! Es difícil saber exáctamente dónde y cómo comienza una historia mil veces contada en cenas y reuniones de amigos desde aquel mes de noviembre de 1997. La hemos narrado tantísimas veces que con el paso del tiempo seguramente hemos ido agrandando y seguramente desvirtuando aquella pequeña locura, pero básica y muy resumidamente diré que la Universidad de Oporto organizó y nos invitó a un torneo internacional de baloncesto de un sólo día de duración (el típico torneo formato maratón en el que se juegan 4 ó 5 partidos en tan solo 12 horas), y ni cortos ni perezosos, allí nos plantamos durante... ¡¡4 días!!
 
Tras muchísimas horas de incómodo autobús y un transbordo en Salamanca, llegamos con un "pequeño" adelanto horario respecto a lo acordado, consecuencia de otro "pequeño" malentendido (el portugués no es tan fácil como parece...). Allí no estaba ni el apuntador para recibirnos, y empezamos a pensar si aquello no habría sido una tomadura de pelo. Después de unos minutos de incertidumbre, todo se aclaró mediante una llamada de teléfono, y pocas horas después nuestros anfitriones nos llevaban a nuestro alojamiento en una desvencijada furgoneta conducida por un piloto suicida. Y efectivamente, allí estaba la "Pensión dos Aliados" junto a la plaza del mismo nombre. Nueve tíos durmiendo en 2 habitaciones. El panorama era el siguiente: Te podía tocar dormir en el sofá, en una cama pequeña, en la alfombra, en el sillón, o compartir cama de matrimonio con otro compañero. La noche prometía...
 

Los nueve de Oporto: (de izda a dcha) Manu, Tony, Javi, Isra, Sergio, Marcos, Tico, Toñín, Dani.

 
Aquella primera noche en la que descansamos poco, surgió lo que a la postre sería el desencadenante de esta divertida historia. Las confusiones del idioma probablemente ayudaron, pero algo de alcohol seguramente contribuyó también a liar todo un poco más. Es difícil explicar cómo se produjo aquella conversación nocturna en un bar con los organizadores del torneo, y no estoy seguro de poder reproducirla aquí, ya que existen diferentes versiones según las copas que se hubieran tomado aquella noche, pero sus consecuencias fueron que al día siguiente de nuestra llegada, en lugar de dedicarnos a conocer Oporto como era nuestro plan (el torneo era el segundo día), nos habíamos apuntado repentinamente a otro torneo de... ¡¡BALONMANO!! 
 
Pero como buenos españoles, "a lo hecho pecho", y allí estábamos a la mañana siguiente algo resacosos pero dispuestos a jugar el primer partido de balonmano de nuestra vida (admito haber jugado algo con 12 años pero ni lo recordaba...) sin ni siquiera conocer las reglas, pero sin ningún tipo de complejo. Antes de seguir escribiendo, haré un pequeño inciso para decir que quizás los que no conozcan muy bien estos dos deportes, balonmano y baloncesto, quizás no acaben de encontrar el sentido a algunos comentarios de aquí en adelante, pero que no se preocupen, al final lo que cuenta es la historia en sí misma.
 
Aquél primer partido fue realmente un espectáculo circense. Salimos al campo con unos petos que nos había dejado la organización, ya que evidentemente no teníamos camisetas de balonmano, sólo de basket y ya estábamos haciendo bastante el ridículo como para salir en camisetas de tirantes... Allí estábamos un grupo de tiarrones enormes con nuestras gigantescas botas de baloncesto, absolutamente inadecuadas para aquel deporte, mientras el equipo contrario desde su banquillo no daba crédito a lo que veía. Nuestro portero (voluntario, todo hay que decirlo), salió al campo con la parte de arriba del pijama disimulada con una camiseta encima, que era lo que más se asemejaba a una equipación de guardameta, por no hablar de las explicaciones del portero rival sobre cómo colocarse cierta protección en cierta parte, momento absolutamente hilarante cuando se cuenta esta historia con unos vinitos encima. Y el resto, pues con el desconocimiento sobre los menesteres de este deporte nos repartimos las posiciones en el campo como pudimos, lo que vino a resultar en una pequeña locura que acabó con nuestro jugador más alto, rozando casi los dos metros de altura, jugando de extremo...
 

De izda a dcha y de arriba a abajo: Toño, Javi, Dani, Sergio, Isra, Tony, Tico, Marcos y Manu.
Campeones del Torneo de Balonmano y del Torneo de Baloncesto Oporto. Nov.1997
 
 
Y comenzó el partido. Nuestro base se pasaba el balón por debajo de las piernas. Infracción. No sabíamos sacar correctamente de banda. Infracción. Hacíamos constantemente dobles. Infracción. Hacíamos cambios sin esperar a que saliera el compañero ni avisar al árbitro. Infracción. Aquello se ponía realmente cuesta arriba...

Aquel primer partido - que evidentemente perdimos - nos sirvió para entender lo que para nosotros sería a la postre la regla básica y la clave para poder afrontar el torneo: Se podía agarrar, sujetar, abrazar al contrario (y no con ánimo de entablar amistad...), y todo ello, sin que te eliminaran por 5 faltas.
 
Aquello era simplemente fantástico y todos lo vimos muy claro. A partir de aquél partido nuestra estrategia cambió por completo. Con una media de edad rondando los 24, una altura media que casi superaba el 1,90m, y seguramente en nuestro mejor momento físico (en este momento de la narración se nota claramente que me he venido arriba), decidimos hacer defensa individual en todo el campo. Si un jugador se acercaba demasiado, le agarrábamos. Si corría demasiado, le sujetábamos. Si parecía que se escabapa para tirar, le abrazábamos. Eso sí, cada oveja con su pareja... Y después, a correr (porque podrían ser mejores, pero no iban a correr más que nosotros). No recuerdo que hiciéramos más de dos o tres ataques estáticos por partido... Una auténtica paranoia transitoria que desconcertó a todos y cada uno de los siguientes rivales, que nunca se habían enfrentado a algo que desafiaba por completo la lógica de ese deporte. 
 
Y así fue hasta el último partido, en el que sorprendentemente y contra todo pronóstico, el equipo que había venido a jugar el torneo de baloncesto, se proclamaba campeón del torneo de balonmano ante la incredulidad de los allí presentes, público y organizadores, y nuestro jolgorio y fiesta final recorriendo todo el pabellón haciendo la conga...

Afortunadamente no todo fue deporte, y aunque no hubo demasiado tiempo, hago aquí otro breve receso para contaros que pudimos disfrutar de una de las ciudades europeas con más encanto. Las hermosas vistas desde Vila Nova de Gaia del casco antiguo de Oporto (Patrimonio de la Humanidad), la Catedral y las callejuelas que bajaban hasta el río Duero, el centenario e inconfundible puente de Luis I, el mosaico de colores de los edificios mostrando el encanto de sus desconchadas fachadas.




 
 
En fin, ya os digo que turismo poco, pero al menos os dejo arriba unas cuantas fotos que hicimos en aquel viaje (se nota la antigüedad, ¿verdad?...). Por fortuna, he de decir que pude volver varias veces y descubrí otras muchas maravillas de la ciudad como por ejemplo la Librería Lello e Irmao, considerada por muchos la librería más bella de Europa. Ahí va una foto que no deja lugar a dudas (en este caso no es mía, la he birlado de internet...).




Volviendo al tema que nos ocupa, y para ir finalizando la historia de hoy, al día siguiente tuvo lugar el torneo de baloncesto, y aunque estábamos bastante doloridos del día anterior, no hace falta decir a estas alturas que también lo ganamos, que es a lo que realmente íbamos allí, lo que nos convirtió por unas horas en los pequeños ídolos locales, con parte del público portugués coreando "que viva España"... Es justo decir aquí que fue bastante más complicado ganar aquel torneo de baloncesto que el de balonmano ganado el día anterior. Cosas de la vida. No voy a contar nada más de aquella final, para no aburrir al lector, pero sí quiero citar aquella conversación a pocos segundos de finalizar el partido cuando uno de los rivales se dirigió a nuestro capitán Tony:
 
- Es que nos faltaban tres jugadores - le soltó bastante molesto y picado el capitán rival del INEF de Oporto.
 
- Y os sobraban otros tres - le respondió con evidente ironía el gran Tony.



Nada más por hoy, sed felices.


 
P.D. Os decía al principio que se trataba del Torneo "Internacional" de Oporto. Bueno, para ser sinceros os diré que si no llegamos a ir, ambos torneos se hubieran quedado en "Nacionales"... ;-)

domingo, 30 de diciembre de 2012

Lo mejor está siempre por llegar...


Se acaba el año, y como decía Mecano, es hora de hacer balance de lo bueno y malo, así que toca reflexionar un poco sobre todo lo ocurrido en estos pasados doce meses. Y puesto a ser lo más objetivo posible, no tengo problemas en reconocer, pese a la que está cayendo ahí fuera, que ha sido una vez más un año absolutamente excepcional. Un año intenso de nuevas experiencias (como  la de escribir este blog), de mucho trabajo (y que no falte), de viajes fabulosos y de alguna aventura extraordinaria también (compartida aquí con vosotros), de reencuentros con viejos y añorados amigos, de algún abrazo de última hora que ya tenía ganas de dar, de muchísimas risas y por suerte, pocas lágrimas, de sorpresas inesperadas, de regalar y de recibir regalos, de tener a uno más en casa (nuestra conejita Noah), de nuevas etapas, y también, porque la vida es así, de algunas noticias algo más tristes.

Pienso también durante esta reflexión en los que lo están pasando mal, que en estos momentos son muchos, más de los que posiblemente creo, y me produce cierto sonrojo reconocer que las cosas me van bien, pero pienso también que probablemente sea más positivo mostrar los sentimientos personales optimistas y vitales, que ocultarlos, o mucho peor, negarlos.


Es momento también de nuevos propósitos para el año que comienza, y a sabiendas por experiencia que ni es bueno ni sano marcarse demasiados retos, porque luego no se cumplen, iremos pasito a pasito, con pequeños desafíos, que tampoco hay que volverse loco. Sin embargo, hace unos días me desperté con la sensación - como le ocurre a mucha gente - de que muchas veces desperdicio el tiempo sin hacer nada realmente útil, o que me reporte alguna satisfacción, así que me levanté de la cama, cogí un rotulador muy especial (y enorme) que me regalo Szilvia por mi cumpleaños, y ni corto ni perezoso escribí sin pensarlo demasiado en una de las paredes de casa el que será uno de los lemas para este año que empieza (bueno, y para los siguientes porque o pinto de nuevo la pared completa, o esta frase no se borra con nada...).


ENHORABUENA, HOY ES EL PRIMER DIA DEL RESTO DE TU VIDA!
¿VAS A DESPERDICIARLO?...


Será sin duda de nuevo un año de viajes, de hacer cosas diferentes, pero sobre todo, y lo más importante, de intentar que ese bien tan preciado y que tan poco valoramos a veces que es el tiempo, lo utilice mejor que nunca. Parece sencillo, pero ya veremos... ;-) 

Y como no podía ser de otra manera, es tiempo también de agradecer a todos los que me rodean que hagan mi vida mucho más llevadera. Sí, lo sé, a veces me paso la mitad de los post agradeciendo cosas, pero como dice ese buen refrán castellano, "de bien nacido es ser agradecido", y nunca me cansaré de hacerlo. Veréis, la vida sin vosotros no tiene mucho sentido, y esto no es una frase hecha. Soy de los que cree a pies juntillas que el ser humano está hecho para COMPARTIR. Así, escrito con mayúsculas. Venga, en serio amigos, la vida compartida es mucho más interesante, divertida y emocionante, creedme. Por eso, GRACIAS INFINITAS a todos los que ocasionalmente, a ratitos, a largos más ratos, o de continuo compartís pedazos de vuestra vida conmigo, y dejáis que yo los comparta con vosotros. Me hacéis mucho mejor persona y ayudais a que la sonrisa no se borre de mi cara (lo que también contribuye a que me salgan más arrugas, que no se puede tener todo).

Os dejo un link aquí debajo a un vídeo que contiene toda la auténtica y genuina esencia del "efecto wanderlust" y que preparé hace ya tiempo (¡¡tenía ya ganas de utilizarlo en el blog!!) para desearos todo lo mejor en el próximo año.





Disfrutad lo que podais (o lo que os dejen) y aunque no soy de dar muchos consejos, ahí va uno: aprovechad y decidle a la gente que os importa lo que les quereis o lo que sentis por ellos, que mañana puede ser tarde. :-)

Vamos a por el 2013 ¡Feliz año!

P.D. Y no olvideis que LO MEJOR ESTÁ SIEMPRE POR LLEGAR...


domingo, 16 de diciembre de 2012

Nueva York en la memoria, 17 años después...


Hace unas semanas, exactamente el 15 de Noviembre, se cumplieron 17 años de mi primer y único viaje a Nueva York, la autodenominada, no sin razón, capital del mundo. Era 1995, y fue también, a pesar de los numerosos y muy diversos viajes que hice posteriormente y hasta el día de hoy, la única vez que he cruzado el gran "charco".
 
Recuerdo con especial cariño y sobre todo con añorada nostalgia aquel viaje. Y no sólo por el viaje en sí mismo, sino por la forma tan espontánea en la que surgió la idea, y sobre todo por la persona con la que compartí aquella pequeña locura, mi buen y viejo amigo Suso, así como por la forma tan metódica en que preparamos aquella aventura en unos tiempos en los que aún no había internet como lo conocemos hoy. Para haceros una idea, la reserva del hotel (un albergue YMCA), la hicimos llamando por teléfono desde una cabina de la Plaza Mayor de Valladolid. Si cierro los ojos ahora mismo nos veo a Suso y a mi junto a la cabina de monedas, con un inglés extremadamente limitado, preguntando por el auricular si alguien por allí hablaba español (con la enorme fortuna de que así fue).
 
Las calles, los monumentos, los metros que debíamos coger, los museos que queríamos visitar, y todo el plan de viaje lo fuimos decidiendo sobre un mapa gigante de Nueva York que montamos con más de veinte fotocopias A4 de trozos de mapas de una guía de la biblioteca municipal. Me entra la risa floja cuando me acuerdo de aquella "sábana", cuyo montaje fue una labor de chinos, pero cuya apertura para marcar lugares y rutas y vuelta a doblar y cerrar era trabajo todavía mucho más titánico...
 
El caso es que unas semanas después, nos plantábamos en Nueva York al estilo Paco Martínez Soria, salvando evidentemente las distancias ya que nosotros no llevábamos gallinas. No hace falta decir que fueron nueve días fantásticos que aprovechamos hasta la extenuación, y que al escribir estas líneas afloran cientos de recuerdos y anécdotas que llenarían varias páginas.
 
El primer recuerdo que tengo es el de grandes columnas de vapor saliendo de alcantarillas y rejillas por toda la ciudad, como en las películas que había visto tantas veces con Nueva York de fondo. A eso siguieron las primeras vistas de los rascalielos, los taxis amarillos, la quinta avenida...
 
 
 
 
Las Torres Gemelas lucían en todo su esplendor sin que los neoyorkinos imaginaran ni por un momento la tragedia que ocurriría años después. Su imponente silueta dominaba el skyline de la ciudad, y las vistas desde su terraza en la azotea eran absolutamente imponentes, como dan buena fe las pocas y viejas fotos que conservo de aquel viaje.
 
 
 
 
 
 
 
Hago aquí un inciso porque el tema de las fotos fue una de esas cosas que no se olvidan. Recuerdo perfectamente que compramos cinco cámaras de usar y tirar. La compra de aquellas cámaras de la ya casi desaparecida y en quiebra Kodak, fue en aquellos momentos la solución más cómoda y barata para dos veinteañeros que viajaban con no muchos recursos. Todavía oigo ese ruido de carraca cuando movías la ruleta para pasar el carrete y dejar la cámara lista para la siguiente foto. Ciertamente, nunca pudimos imaginar que de las cinco cámaras sólo se salvarían los carretes de dos de ellas (uno de fotos panorámicas). Para nuestra enorme decepción y frustración, al llegar a España tres de los carretes salieron completamente velados. Nunca supimos por qué, pero bien mirado, la verdad es que pudo ser peor, y al fin y al cabo ahora, 17 años después, podemos mostrar esas pocas fotos que se salvaron a los amigos, o incluso sacar algunas de ellas a la luz en este blog.
 
Aparte de este contratiempo, el resto del viaje fue una experiencia única e irrepetible. Central Park nos dejó mudos. Jamás habíamos visto un parque de tal extensión, ni un lago que se parecía más a un mar que a una laguna. Ni habíamos visto praderas y avenidas de tal tamaño. Ni una pista de patinaje sobre hielo como aquella, que superaba con creces cualquiera que hubiéramos visto hasta ese momento (si es que habíamos visto alguna antes de aquel viaje). Pasear un domingo de otoño por aquella maravilla de la naturaleza en medio de la ciudad más cosmopolita del mundo nos parecía entonces un lujo al alcance de muy pocos.
 
 
 

 
 
 
Para hacer todavía más especial el viaje, coincidió además una de las jornadas con el Día de Acción de Gracias, el día del año en que los norteamericanos se juntan con toda la familia, al estilo de lo que sería en España la Nochebuena. En el desfile por las calles de NY había más de un millón de personas, lo que lo convertía en el evento más multitudinario al que jamás habíamos acudido. Realmente espectacular, si bien es cierto que el resto del día la ciudad se quedó absolutamente muerta y vacía. Todo cerrado y ni un alma en la calle, y claro, las verdad es que primos o tíos en NY para ir a cenar pues no teníamos...

Aquel viaje fue uno de los que más me he reído en toda mi vida. Os podeis imaginar las cantidad de anécdotas que nos sucedieron a dos vallisoletanos en NY durante esos días. Esa señora que se encaprichó de la cazadora de Suso ("I like your jacket, I like your jacket"), o aquel zampabollos sentado a nuestro lado en el Madison Square Garden que necesitaba dos asientos y medio... Aquel callejón de poca confianza donde mi buen amigo se empeñó en hacerse una foto con una auténtica banda de raperos de aspecto poco amigable... Por no hablar de esos partidos jugados en la cancha de baloncesto situada en plena 4ªplanta del edificio del YMCA donde dormíamos, a los que llegábamos cada tarde agotados después de patear la urbe (yo más que Suso, que tenía, y aún tiene, mejor forma física que yo) y en los que nos dábamos unas soberanas palizas, que combinábamos con algún partido de voleyball, donde también se dió alguna anécdota que otra... O aquella mujer de la limpieza que nos empezó a gritar al estar limpiando y entrar nosotros en la habitación. Aún hoy creemos que es por el olorcillo que dejaron unas ropas sin lavar durante "unos" días. Un detalle sin importancia... ;-)


Suso (segundo abajo por la izda) y yo ( segundo de pie por la izda) en el pabellón del West Side YMCA.

En fin, ya tenía ganas desde hace tiempo de sacar esta historia (en formato muy abreviado) que me ha hecho sonreir e incluso soltar alguna carcajada mientras la escribía.

Esta entrada del blog, como no podía ser de otra manera, va dedicada al bueno de Suso. Ambos sabemos que algún día tendremos que volver por allí, y aunque cada día se vuelve un poco más complicado, todavía tenemos tiempo de sobra.

Hasta la próxima. Sed felices.